17 noviembre, 2011

Ya no más

Siempre escribo, cuando no tengo que decir. Las palabras nacen cuando no tengo a quien mostrárselas.
Y ahora, cuando nuevamente me he encerrado en mi pieza, y el interés por la vida del exterior no me atrae. Ahora cuando nuevamente he congelado el tiempo en las últimas palabras que nos contamos. Ahora es cuando comienzo hablar.

Pero mis palabras ya no tienen magia, no tienen el encantamiento ni el poder que suelen tener. Y lo perdieron gracias a mi, al aprovecharme de eso, y no cumplir con lo que yo mismo declaraba.


Abusé de un poder, pensando que el hablar era lo mejor, pero de la triada alma-cuerpo-lenguaje... olvidé las otras dos. El equilibrio entre las tres es lo que te lleva a la perfección.

Estar centrado solo en una, me llevó a donde mismo, a encerrarme en palabras. Aún así, nunca tuve malas intenciones, sino quise asegurar que lo bueno permaneciera, y la forma que utilicé me llevó a perderlo.

No tengo nada más que decir, mis palabras no tiene veracidad. Estoy mudo, y no tengo como expresarme. Después de esto, no tengo nada más que esperar.