17 junio, 2011


Cuándo dije que tu encontrarías tu camino, antes que yo
fue porque reconozco que me cuesta ponerme de pie.
Incluso eso, nunca lo quisiste creer.

Te seguí mucho tiempo, y no quiero seguir estando detrás.
Pero me duele encontrarme con que eres tú quien sigue ahora.
La sorpresa es, que mis huellas no son seguidas
y las tuyas son más suaves al pisar lo que alguien más está recorriendo.

No puedo encontrar la salida,
y tu te diriges a un nuevo laberinto.

Aún no puedo despegarme del pasado, y tu ya construyes un nuevo futuro.
¿Qué no lo sabías? Tu siempre ibas más adelante que yo.
Y soy yo quien no cree tus palabras ahora,
esas que alguna vez dijeron que después de mi, no habría nada más.

Sigo viendo lo que veíamos juntos,
recorriendo lugares por los que reímos, pelíamos y amamos,
y los disfruto
y los comento como si estuvieras a mi lado.
Pero sé que tus lugares ya son otros
y tus comentarios ya tienen quién los escuche.

Lo que más me duele es que aún puedo sentir tu olor en mis sábanas,
y cuando aún no se ha querido ir,
tu ya disfrutas de otro olor en las tuyas.

Cuando aún mis labios no alcanzaban a decir: "adiós, hasta acá seguiremos juntos",
tu mano ya estaba atado a una nueva aventura.
Mis palabras fueron torcidas,
mientras que el brillo de tu mirada se asomaba tiernamente.

Seguiré en el fondo del agujero, estoy acostumbrado a estar allí.
He salido de él tantas veces, que me cansa tener que volver a escalar.
Por eso, me quedaré sentado esta vez.
Desde acá no veré el horizonte al que te diriges,
y me acomoda la idea de sentirme abandonado una vez más.

Se que gastaré demasiados segundos hundiéndome en el fondo,
pero pretendo pasar horas oculto,
para luego poder disfrutar años lejos de todo.
Lejos de ti.
Extrañándote... muy lejos de ti.